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Centro Histórico pierde más de 10 mil habitantes al dar paso a la gentrificación
En 25 años, el corazón de Mazatlán perdió 10 mil 503 residentes. El Implan advierte un desplazamiento sostenido por la gentrificación: sube la inversión, bajan los vecinos y crece el riesgo de un centro convertido en museo
MAZATLÁN. – El Centro Histórico de Mazatlán se vacía en silencio detrás de sus fachadas restauradas, una cifra retrata un proceso de décadas: 10 mil 503 personas han dejado de vivir en el primer cuadro en los últimos 25 años. Son los otros desplazados.
No fue de golpe. Ha sido un éxodo lento, constante. Como en Palos Prietos, la gentrificación empuja poco a poco a las familias fuera de su propio barrio.
Un estudio del Instituto Municipal de Planeación (Implan) lo documenta: entre 1995 y 2020, la población pasó de 32 mil 778 a 22 mil 275 habitantes, una caída del 32 por ciento, sin contar lo ocurrido en el último lustro.
El momento más crítico se registró entre 2000 y 2005, cuando más de 4 mil personas abandonaron la zona.

El precio del suelo
Detrás del desplazamiento hay una lógica clara: el mercado. Para Leticia Alvarado Fuentes, directora del Implan, el fenómeno responde a dinámicas que reconfiguran la ciudad.
“Es algo que ocurre en muchas ciudades: la población local se va desplazando y llegan personas con mayor poder adquisitivo que pueden adquirir estas viviendas. En Mazatlán lo estamos viendo”.
Leticia Alvarado Fuentes
Directora del Implan Mazatlán
En ese proceso participan compradores canadienses y estadounidenses, además de inversionistas locales que convierten casas en negocios o en renta temporal.

El impacto va más allá de los números.
“Un Centro Histórico sin habitantes es un Centro Histórico muerto. Se convierte en un museo”.
La vida cotidiana pierde terreno frente al consumo. El barrio empieza a funcionar más como vitrina que como comunidad.
Reglas que no suenan
A la presión inmobiliaria se suma otra constante: el ruido. Bares, restaurantes y centros nocturnos concentran las principales quejas de quienes aún viven en la zona. Aunque existen reglamentos, su aplicación es irregular.
“Lo que buscamos es que se cumplan las normas para que la gente pueda seguir viviendo aquí. La mayor queja es el ruido y, aunque hay lineamientos, no se aplican. Si siguen siendo letra muerta…”.

Fincas en riesgo
El Centro Histórico conserva alrededor de 480 fincas antiguas, cuya intervención depende del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH). Sin embargo, entre 10 y 15 ya han desaparecido.
El Implan realiza un levantamiento para actualizar el catálogo y detectar inmuebles en riesgo de colapso.
“Estamos revisando cuáles se han conservado, cuáles están en ruinas y cuáles necesitan intervención. Son cuatrocientas ochenta y tantas fincas en el Centro Histórico”.
El objetivo es equilibrar la conservación del patrimonio con la habitabilidad, a través de incentivos que permitan a los propietarios rehabilitar inmuebles, pese a los altos costos.
El Centro Histórico resiste entre capas: la memoria, el negocio y quienes aún permanecen.
Sigue siendo punto de encuentro. Pero cada vez menos, un lugar para vivir. Se transforma, poco a poco, en una postal impecable. Y en una historia que se va quedando sin gente.