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Mazatlán acelera: malecón, mar y motores en una sola fiesta
El desfile de la Semana Internacional de la Moto llena de color, ruido y alegría el paseo costero
MAZATLÁN.- Una vez más Mazatlán se encendió. El malecón dejó de ser solo paisaje para convertirse en una pasarela donde el mar, el viento, sol y el rugido de los motores marcaron el pulso de una de las fiestas más esperadas: el magno desfile de la Semana Internacional de la Moto 2026.
Desde horas antes, la gente comenzó a ocupar cada espacio frente al paseo costero. Familias, turistas, grupos de amigos; todos listos para ver pasar la caravana que, a las 17:00 horas, comenzó a rodar entre aplausos y teléfonos en alto.
El banderazo de salida fue encabezado por Michelle Aguilar Ramos, subsecretaria de Promoción y Operación Turística de Sectur, en representación de la secretaria de Turismo de Sinaloa, Mireya Sosa Osuna.
También participaron Alí Zamudio, secretario de Desarrollo Económico municipal; Francis Cázarez, presidenta de Canaco Mazatlán; Cecilia Osuna, presidenta de Canirac delegación Mazatlán, y Jesús Tirado, director del Consejo Consultivo de la Semana Internacional de la Moto.
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El desfile avanzó como una corriente imparable. Motocicletas de todos los tamaños, colores y estilos se adueñaron de la Avenida del Mar y Olas Altas, mientras el sonido de los escapes retumbaba con eco sobre el Pacífico. El trayecto, fue un espectáculo continuo donde cada participante buscó dejar su sello.
No fue solo velocidad, fue identidad. Entre las motos desfilaron vikingos, superhéroes, enmascarados y personajes que transformaron el recorrido en un carnaval sobre ruedas. El ambiente lo completaban las risas, la música improvisada y la emoción que corría de banqueta a banqueta.



Las acrobacias pusieron el toque de adrenalina. Los “caballitos” y maniobras arrancaron gritos y ovaciones, mientras pilotos demostraban su habilidad frente a una multitud entregada. A la par, mujeres motociclistas reafirmaron su presencia con fuerza y estilo, sumando carácter a la jornada.
Aquí no hubo edades ni etiquetas. Niños, adultos, parejas y hasta trabajadores sobre dos ruedas se integraron al desfile, haciendo del evento una celebración colectiva.

Con el mar como testigo y el atardecer cayendo poco a poco, Mazatlán volvió a confirmar su esencia: un puerto que sabe hacer del movimiento una fiesta y del ruido, una tradición que se vive, se escucha y se siente.