Cultura
Juan Pablo García, el pianista que sostiene la voz de la ópera en Mazatlán
El pianista no solo acompaña, sino que sostiene, en pieza clave para dar vida a la voz de los cantantes de ópera del Centro Municipal de Artes
MAZATLÁN.– Antes de que una voz conquiste el escenario, hay un pianista que la sostiene, la ordena y le da sentido.
En el Centro Municipal de las Artes del Instituto Municipal de Cultura, Turismo y Arte de Mazatlán, ese trabajo, silencioso pero decisivo, pasa por las manos del maestro Juan Pablo García, pianista repertorista que se ha convertido en pieza clave en la formación de cantantes.
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“Doy clases en la Licenciatura de Conjuntos Corales, Dirección Musical y pPáctica de Repertorio, además de participar en la materia Clínica de Ópera”, explica. Este espacio integra técnica vocal, interpretación y escena, y permite que el alumno entienda la música más allá de la partitura.

Formado como pianista concertista en la Universidad de Guadalajara y con estudios en el Conservatorio de Música del Estado de México, su camino hacia la ópera surgió desde la práctica, al integrarse como acompañante del coro del estado de Jalisco.
Ahí participó en producciones como Madama Butterfly, Tosca y Turandot, donde el contacto directo con cantantes y escena marcó su rumbo profesional.
Para Juan Pablo García, la formación del cantante no puede limitarse a la técnica.
“El alumno trabaja su voz, su apoyo, su vibrato, pero necesita enfrentarse al acompañamiento real. Ahí es donde comienza a entender verdaderamente la música”, señala.
Más que enseñar, traducir al piano a toda una orquesta
Su labor consiste en algo más profundo que acompañar; traducir al piano lo que una orquesta construye, revelar al cantante todo aquello que sucede debajo de su línea vocal y ayudarle a desarrollar intención, matices y sentido interpretativo.
“No se trata de cantar fuerte, sino de saber qué estás diciendo musicalmente”, puntualiza. Los propios cantantes me buscaban para acompañarlos, y así me fui metiendo cada vez más en este mundo”, recuerda.
Su llegada a Mazatlán se dio a través del Taller de Ópera de Cultura, donde encontró una oportunidad que marcaría su trayectoria.
“Venir a aprender del maestro Enrique Patrón (de Rueda) ya es ganancia”, afirma.
Desde entonces, ha permanecido cerca de ocho años formando parte del Centro Municipal de las Artes, combinando aprendizaje y formación de nuevas generaciones.

Un trabajo en equipo
Dentro del CMA, el trabajo no es individual, sino parte de una estructura académica sólida que da sentido al proceso formativo. La base técnica se construye con el maestro Miguel Valenzuela, mientras que el desarrollo musical y estilístico se consolida bajo la dirección del maestro Enrique Patrón de Rueda.
A ello se suma la preparación escénica con el maestro Eduardo Tapia, así como la formación en idiomas con la maestra Rebeca de Rueda y el sustento teórico a cargo de Ariadna Rosales, conformando un modelo integral que prepara al alumno para la exigencia real del escenario.
“No es nada más pararse a cantar; tienen que entender todo lo que implica estar en escena”, subraya.
Gana la cultura gana espacio en la vida pública de Mazatlán
Para García, su paso por Mazatlán no solo ha sido un crecimiento profesional, sino una experiencia profundamente significativa.
Ha sido testigo de cómo la cultura ha ganado espacio en la vida pública y se ha convertido en un eje de identidad para la ciudad.
“Me ha tocado ver cómo Mazatlán se transforma desde la cultura, y ser parte de ese proceso es algo que me marca como músico y como formador”, expresa.
Ese proceso se refleja en el escenario, donde los estudiantes enfrentan galas, conciertos y montajes que los preparan para una carrera profesional. La experiencia no es simulada: es real, constante y exigente.
Finalmente, el maestro hace una invitación directa: regresar al teatro, vivir la música en su dimensión completa.
“Escucharla en vivo no se compara con nada. Es otra experiencia”, asegura.