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MAZATLÁN.- En el Parque Bonfil ya no suena igual el amanecer. Donde antes había motores encendiéndose y tripulaciones alistando redes, hoy hay silencio. Barcos inmóviles, oxidados, amarrados como si esperaran un regreso que no llega.  

Durante más de 30 años, Francisco Sandoval vivió del mar. Empezó a los 16 años, recorrió cada puesto a bordo hasta convertirse en patrón. Hoy, como miles, ya no se embarca.  

Hace siete años dejó la pesca de altamar, cuando los barcos comenzaron a quedarse en puerto y la paga dejó de alcanzar para vivir. De los 3 mil 500 pescadores que tenía Mazatlán, apenas mil 050 siguen activos esta temporada, repartidos en 130 embarcaciones.  

El resto busca cómo sobrevivir lejos de la mar. La flota que alguna vez sumó 500 barcos, hoy apenas logra mover 200, y muchos ya no volverán a zarpar. 

Fotos: Christian Bernal / Punto MX

Desde el muelle, observa con tristeza cómo el Parque Bonfil se ha convertido en un cementerio flotante. Barcos que nadie compra, armadores que ya no pueden pagar un viaje y tripulaciones que se quedaron sin trabajo. 

“Ahorita son como tres armadores los que siguen sacando barcos. El problema es la paga. La gente necesita trabajar”. 

Francisco Sandoval
Expescador de altamar

La bonanza quedó atrás. Antes, una tonelada de camarón chico el “piojo”podía significar hasta 15 mil pesos por pescador.  

Hoy, esa misma tonelada se paga en 2 mil 500 pesos, mientras los costos de operación se disparan. Un solo viaje exige casi 780 mil pesos, la mayor parte en diésel marino. 

Salir a la pesca ya no garantiza nada. Apenas cuatro toneladas por viaje, un dólar bajo y un diésel que supera los 26 pesos por litro hacen que muchos regresen perdiendo. 

A menos de dos meses de que termine la temporada de camarón 2025-2026, solo 130 barcos continúan en un tercer viaje. El resto quedó varado, como los sueños de quienes crecieron mirando al mar como única opción de vida. 

“Sales para lo que haya”, resume el sentir del sector Jesús Omar Lizárraga Manjarrez, presidente de la Unión de Armadores. 

La temporada inició el 29 de septiembre y concluirá el 3 de marzo, pero para muchos pescadores el cierre llegó mucho antes.  

En Mazatlán, el mar sigue ahí, inmenso y azul. Lo que ya no está es el trabajo que durante décadas dio identidad y sustento a miles de familias. 

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