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MAZATLÁN.- El 2026 ya empezó y, con él, la lista de propósitos que promete cambiarlo todo. Sin embargo, no alcanza con desearlo fuerte. La diferencia entre abandonar en febrero o sostener en diciembre está en el cómo.

Especialistas coinciden en un primer paso clave y es bajar la vara. Los grandes propósitos inspiran, pero los objetivos concretos se cumplen.

No es lo mismo “quiero estar saludable” que “caminar 20 minutos, tres veces por semana”. Lo segundo entra en la agenda real.

Otra regla de oro es abandonar el “todo o nada”. Fallar un día no invalida el proceso. La constancia imperfecta funciona mejor que la perfección imaginaria.

El lema “solo por hoy” ayuda a no abandonar ante el primer tropiezo.

También importa el vínculo con la meta. Si se vive como castigo, dura poco; si se acerca al placer, tiene más chances. Cambiar desde el disfrute —no desde la culpa— hace la diferencia.

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Los objetivos pequeños generan logros rápidos, y eso motiva. Cada avance refuerza la autoestima y empuja al siguiente paso.

Compartir metas con otras personas, armar grupo o pedir ayuda profesional suma contención y compromiso.

La clave final es la autocompasión. Antes de castigarse por no cumplir, conviene preguntarse qué falló y ajustar. Renunciar a la perfección no es rendirse, es ser estratégico.

En 2026, menos promesas grandilocuentes y más hábitos posibles. Porque cambiar de a poco también es cambiar en serio.

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