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Tatiana llena de magia y luz la Villa Navideña de Mazatlán
Más de 5 mil familias mazatlecas disfrutaron una noche de música, alegría y convivencia en la Villa Navideña, con la presentación especial de Tatiana
MAZATLÁN.- La magia se encendió desde el primer acorde. Tatiana llegó a la Villa Navideña y transformó la noche en una fiesta de recuerdos, risas y canciones que unieron a niñas, niños y adultos en un mismo coro lleno de alegría y espíritu navideño.
La Villa Navideña se iluminó distinta este sábado por la noche. No fueron solo las luces ni los adornos decembrinos, sino las risas, las voces infantiles y la emoción de miles de familias que, poco a poco, fueron llenando el espacio para vivir una noche que prometía magia… y la cumplió.
Mazatlán brilla como nunca en este mes de amor, paz y reciprocidad, y la postal quedó completa cuando la música comenzó a sonar.
Más de 5 mil mazatlecas y mazatlecos cantaron y bailaron al unísono los temas que han acompañado generaciones, en un ambiente donde la convivencia y la alegría se compartieron sin prisas.
Niñas y niños, tomados de la mano de mamá o papá, corearon cada canción con los ojos encendidos.
Previo al concierto, la Presidenta Municipal, Estrella Palacios Domínguez, subió al escenario para dar la bienvenida a la artista y compartir un mensaje navideño con las familias asistentes.
“Esta es tu casa. Mazatlán te ama, chicos y grandes. Gracias por venir a compartir la magia de la Navidad con nuestras familias”, expresó la Alcaldesa, al desear a la ciudadanía unas fiestas llenas de unión y esperanza.
Fotos: Carlos Ortega / Punto MX
En el escenario, Tatiana conectó con chicos y grandes, convirtiendo la Villa Navideña en un gran punto de encuentro donde los recuerdos de infancia se mezclaron con nuevas historias familiares.
La música avanzó, las luces brillaron más fuerte y, por unas horas, el tiempo pareció detenerse.
Fotos: Carlos Ortega / Punto MX
Entre abrazos, sonrisas y aplausos, la noche se volvió un reflejo de lo que también es Mazatlán en estas fechas: un lugar donde la alegría se comparte y la reciprocidad se vive.
Cuando el último acorde se apagó, nadie se fue de inmediato. Quedó en el aire esa sensación difícil de explicar, pero fácil de sentir: la de haber sido parte de algo bonito, de una Navidad que no solo se celebra, sino que se vive en comunidad.