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Antonio Lerma Garay

MAZATLÁN TIENE TANTA HISTORIA

Mazatlán, una ciudad no apta para el peatón

Antonio Lerma Garay

Apenas ayer los noticiarios dieron a conocer una nota que establece que entre las mejores ciudades para vivir en nuestro país, Mazatlán se ubica en el número cuatro, sólo detrás de Mérida, Nuevo Laredo y Aguascalientes. ¡Menuda gloria! Seguro es que si los encuestadores hubieran incluido entre sus preguntas la seguridad peatonal, nuestra ciudad ni siquiera figuraría entre los primeros cien lugares.

Las calles de Mazatlán parecen haber sido hechas sólo para los automóviles. Es raro el conductor que respeta un cruce peatonal, el que cede el paso a un peatón. No existe cultura vial y, lo peor de todo es que la autoridad ni siquiera ve este problema. Cada vez que una persona es atropellada por un vehículo, no se puede decir que se trata de accidentes viales, se trata en realidad de hechos perfectamente prevenibles culpa casi siempre tanto del peatón, como del automovilista y, por supuesto, de las autoridades de tránsito.

No existen en las calles de Mazatlán cruces peatonales bien definidos y, sobre todo, respetados. Los semáforos peatonales son prácticamente inexistentes. Uno solo todo descompuesto medio regula el paso de peatones en el cruce de Juan Carrasco, Zaragoza y Aquiles Serdán. Pero, tómele usted el tiempo que concede al peatón para cruzar cualquiera de esas rúas: ni siquiera doce segundos. ¡Craso error!

Compare usted los modernos y abundantes semáforos peatonales que regulan los cruceros en el centro de la ciudad de Culiacán, en los que los automovilistas se ven obligados a ceder el paso a los transeúntes. O los de la ciudad de Los Mochis, aún más modernos que auxilian a las personas invidentes con su pitido que les indica cuándo cruzar con seguridad la calle por la que transitan.

Ojalá que la nueva administración municipal tome cartas en este delicado asunto y civilice tanto a peatones como automovilistas. En toda ciudad moderna, al peatón se le debe conceder un tiempo apropiado para que cruce las calles sin riesgo de ser atropellado por algún conductor que se cree que sus derechos son más y mayores que los de una persona que se desplaza a pie, que cree que su tiempo es más valioso que el de los demás.

Pero no sólo los conductores dificultan el libre y seguro desplazamiento de los peatones, a comerciantes, constructores, y otros personajes les es permitido bloquear o al menos entorpecer el libre tránsito por las banquetas sin consecuencia alguna.

Por último, resulta imprescindible mencionar al primer hombre muerto por un automóvil. Henry Hale Bliss es conocido por ser la primera persona en morir víctima del atropellamiento de un automóvil. La noche del 13 de septiembre de 1899, en Central Park West y calle 74, de la ciudad de Nueva York, Bliss descendía de un tranvía cuando un automovilista lo atropelló; el hombre primero sintió cómo las llantas le pasaban sobre la cabeza y el pecho. Agente de bienes raíces, de sesenta y un años de edad, el pobre hombre murió a las 6:45 horas del día siguiente debido a las heridas que le causó el atropellamiento.

Bliss era un simple peatón, como usted y como yo, es decir una persona que iba a pie por la vía pública. Y su trágico deceso fue la causa de que se tomaran medidas para prevenir que más muertes como esta se repitieran. Pero eso fue allá en Nueva York, no aquí en este Mazatlán en el que las autoridades de tránsito son ciegas ante lo que miles de peatones sufren día a día para cruzar una simple calle.

Antonio Lerma Garay
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