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Fuente: DOF
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EDITORIAL

Editorial XXVIII

Punto MX

Hasta hace pocos años, la figura del maestro era respetada, podría decirse que venerada, sobre todo en las zonas rurales, a las que muchos llegaban y se hacían parte de ella, portavoces de sus problemas y defensores de sus derechos.
 

En La Rastra, una comunidad del municipio de El Rosario que tenía fama de ser asentamiento de las gavillas que asolaban la sierra, hizo su vida una maestra a la que se respetaba más que a nada en la región, y con ella a todos los maestros que llegaba a atender a los hijos de los delincuentes.
 

Los maestros, como los médicos, eran los únicos extranjeros bien recibidos en esas comunidades olvidadas de la mano de Dios.
 

Pero eso término, ya no hay respeto para ellos, y si es así, ¿para quién habrá respeto? 
 

Ramón, uno de los maestros asesinados hace 12 días en la sierra concordense, tenía toda una vida de atender a los niños de ese recóndito lugar. Y a pesar de ello lo acribillaron.
 

Por eso las jóvenes generaciones de maestros se niegan a estar en la sierra, además sin el estímulo de ganar más porque dedican su día entero a la escuela, ni que después de cumplir un tiempo allá, se les entregará una plaza en un lugar más accesible, o se les daba la clave E3, que significaba un sobresueldo de una plaza adicional, es decir, se les pagaba el doble que a los maestros urbanos.
 

Hoy los maestros deben hacer examen de prelación y los envíen a donde los envíen el salario es igual, están a prueba y se les entrega un contrato por un año, es decir, no se les garantiza nada.
 

Eso es bueno para los alumnos y un incentivo para que los maestros demuestren su valía.
 

Pero, así como se les exige, el gobierno debe darles las herramientas necesarias para que den el rendimiento adecuado.
 

¿Alguien conoce las escuelas de las zonas rurales? No tienen la tecnología necesaria para ese aprendizaje por competencias, por proyecto que tanto presume el Gobierno federal a raíz de la Reforma Educativa y más a raíz del programa Primero la Educación, Primero los Niños.

 

Algunas no tienen energía eléctrica, mucho menos acceso a Internet.
 

¿Estarán los maestros en condiciones de ser evaluados con la misma medida que los demás? Los que tienen verdadera vocación algunas veces lo logran, de lo contrario ante la impotencia de la falta de recursos, se van rezagando, se van quedando atrás y los estímulos no llegan.
 

¿Qué futuro le espera a la educación de nuestros niños, de nuestros jóvenes? ¿Qué futuro a los maestros?
 

Como sociedad nos corresponde estar atentos y defender a los educadores cuando sea necesario y exigirles siempre que den lo mejor de sí.